Un sábado cualquiera de un fin de semana cualquiera… El día no comenzó demasiado bien para mí…

Ese sábado era un día importante, (o al menos eso creía), y lo fué, ¡vaya que si lo fué!...

Llevaba 3 semanas sin entrenar prácticamente nada, había tenido problemas de salud por una intoxicación alimentaria que me afectó a mí y a varios miembros de mi familia, y que me había obligado a permanecer inactiva durante alrededor de 10 días, y sólo pude salir a “intentar entrenar” los 4 días previos…

Realmente nunca había llegado ni al 60% del entrenamiento que podría llevar a cabo desde que empecé a tomarme “esto” un poco en serio desde hacía 4 meses. Con “esto” me refiero a un nuevo deporte, un nuevo entretenimiento, una nueva forma de evasión y aislamiento de las preocupaciones: el Duatlón.

A pesar de mi pasión por el deporte y de no haber llegado a abandonarlo completamente nunca, no había dado mi máximo, mi 100% en los entrenos, unas veces por problemas laborales (no es una buena época, y si no que se lo pregunten a un residente a punto de acabar su residencia ;) jeje!), y otras, como en esta ocasión, por problemas de salud…. Pero ¡daba igual!, ¡¡hoy iba a ser un gran día!! 

¡Hoy tenía que aportar mi pequeño granito de arena para conseguirlo! Para terminar junto a mis compañeras el primer duatlón contrarreloj de mi vida, y mi primero de espero que muchos con el Club Triatlón Salamanca.

Decía, que el día no había comenzado muy bien para mí, porque me levanté temprano para preparar todo con tiempo (que yo soy muy tardona y cómo dice mi madre ´hija, siempre te entran las prisas a última hora´), y ya durante el desayuno, el corazón me palpitaba a 1000 por hora, la cabeza, esa cabecita que a veces me traiciona y es mi punto débil, me decía  “Vicky, ¿para qué te empeñarás en estas cosas?…”, y el corazón me decía que yo podía con eso y más, que siempre había conseguido lo que me había propuesto y que todo el esfuerzo que iba a hacer era por el club, por las chicas…

Mi “pilar” en todo esto, por no definirle como “el santo” que aguanta todas mis desesperaciones…, mis “no puedos”, mis “yo no valgo para esto”…, me había dicho que esa tarde no iba a poder estar conmigo en Ávila, para apoyarme, y… eso me cayó inicialmente como `un jarro de agua fría´, haciéndome pensar que sin su apoyo y sin ánimos desde fuera, no lo iba a conseguir, no iba a aguantar tanto esfuerzo, unido a mi falta de preparación… ; pero luego, cuando me quedé sola, a una hora de salir de casa, esa idea se me borró de la cabeza y me sobrevino otra: “Vicky tienes que ser independiente, tú puedes, sabes lo que es sufrir…”. El disfrutar vendría después…

 Con todo preparado, salí hasta el punto de encuentro donde habíamos quedado con el resto del club para cargar las bicicletas en la furgoneta y marchar a Ávila todos juntos, y en el camino, me enteré de una triste noticia…, la noticia más triste que cualquiera se puede imaginar…, y esta fatal noticia fue la que me acompañaría gran parte de la carrera dándome fuerzas para continuar y quitándomelas por momentos…

Tras un viaje bastante ameno con mis compañeros, ¡POR FÍN llegamos a Ávila! En ese  momento comenzó toda la vorágine de los preparativos pre-competición…, todo eso que desde los 8 años me había salido innato en las piscinas y que ahora me tocaba aprender de nuevo en un medio completamente distinto: recogida de dorsales y chips, pegar las pegatinas con el número del dorsal en bolsa, bicicleta y casco, y enfundarnos el tri-mono como si de un traje de superhéroes se tratase (porque esa tarde me sentía así, y más tarde entendí que las verdaderas superheroínas eran ellas, mis compañeras…)

Todo estaba preparado, teníamos lo más importante: ganas y fuerzas; un apoyo externo encabezado por el presi (gracias Navazo ;) ) y formado por compañeros y amigos que se hicieron unos cuantos km solo para animarnos (Rubén, Chiky, Laura, los padres de Jose Manuel) y todos aquellos que no habían podido venir pero que seguro que estaban pensando en nosotros desde lejos; y un cuarto de baño para las emergencias en el Carrefour de enfrente, “al lado de las cebollas” (descubrimiento de Sergio), qué grande! Jejejej...

Bueno, hablando en serio... teníamos lo imprescindible: nos teníamos a ¡NOSOTRAS! 3 compañeras espectaculares, que demostraron serlo antes, durante y después de la prueba: Laura, Vicky y Marina.

 Llevamos todo a boxes: bici, zapatillas, casco… y ¡ya estaba todo listo para empezar!  “¡Fuerza chicas, allá vamos!”

 En la salida, esa sensación que tantas veces había experimentado y que tanto me gusta: NERVIOS, que te agarran el estómago, pero que te ponen unas sonrisa en la cara y que desaparecen en cuanto suena el pistoletazo de salida… y, por fin, en megafonía se oyen estas palabras: -Siguiente Club participante: las chicas del Club Triatlón Salamanca!!...- , (“uff ya no hay marcha atrás” pensé…) Nos explicaron muy rápido las normas –siempre todas juntas, no podemos separaros unas de otras más de 15 segundos…-  Toda esa información resonaba en mi cabeza y la escuchaba muy lejos… (aunque creo que esas palabras quedarán grabadas en mi memoria para siempre) y de repente…. ¡¡VA!! Comienza nuestra carrera… 

  

Los primeros metros… todas juntas, controlando, marcando un ritmo… pero a mí no se me quitaba de la mente la noticia que había recibido pocas horas antes… Un compañero y amigo del club de natación en el que me había criado y me había formado como deportista y como persona, había fallecido con tan sólo 25 años de edad, a causa de una enfermedad… “qué injusta es la vida, joder”. Un chaval fuerte, alegre, buena gente, estudiante de medicina y a punto de elegir especialidad, realizando el enorme esfuerzo de estudiar el MIR… y se había ido para siempre…

Vacío, silencio y rabia es lo que podía sentir… Pensamientos de impotencia, de que “nadie se merece eso y menos con toda la vida por delante”, pensamientos de que “nunca se sabe que nos tiene preparado el futuro y que la vida son MOMENTOS, momentos que hay que exprimir al máximo, que hay que vivir con ganas e intensidad y que hay que compartir con los que más quieres…”

 En todo este pensamiento estaba inmersa, cuando Marina me sacó de ese bucle con un: “Vicky, ¿qué tal vas?, ¡vamos que lo estás haciendo genial!”; apreté los dientes y me propuse disfrutar al máximo de la carrera, este era uno de esos MOMENTOS y tenía que pasarlo genial y compartirlo con mis compañeras y en ese mismo instante comenzó la carrera para mí…

Ritmo cómodo, pero forzando; la falta de entrenos por mi parte se notaba, pero no podía flaquear, no valía rendirse, había que darlo todo…

En mitad del camino nos encontramos un puente que había que cruzar, se trataba de una subida con una posterior bajada, los comentarios de ánimo de mis compañeras se sucedían “vamos, que esto no es nada” “vamos muy bien”, yo no hablaba, porque si lo hacía perdía fuerzas, pero esas palabras de aliento ¡te hacen subir al Everest si hace falta!

Y a la bajada… CHAS! SORPRESA!, ¡no me lo podía creer, no sabía si eran ellos…! allí se encontraban 4 `personajes´ vestidos con el chándal del club y con la cara tapada por caretas, pelucas y gafas, y no estaban callados ni tranquilitos no.. jej , ¡nos gritaban con un altavoz!: “¡Vamos chicas sois las mejores! Vamos Vicky! Vamos Chiquitinaaaa!”

Nos miramos y sonreímos, “¡Son ellos!” nos dijimos (eran Bruno, Charlie, Chocarro y Juampi). Qué grades son y cómo nos animaron durante toda la prueba, ¡increíble!     “Que cabrones…”, “como me has engañado…” jaja!

 Lo que sentí en ese momento es indescriptible… subidón increíble de adrenalina y fuerzas, ¡muchas fuerzas para seguir! 

 

Continuamos la carrera y cada vez íbamos posicionándonos mejor y encontrándonos más cómodas, pero esos 5 km de carrera a pie se acabarían pronto y en nada comenzaría el sector bici, mi ´talón de Aquiles´, mi miedo más profundo…

 Y ese momento, inevitablemente, llegó: 20 km repartidos en 4 vueltas en bici, que podían haberse hecho eternos, pero que gracias a los ánimos de todas y a los empujones de Laurita, pude completar, aunque con un gran esfuerzo físico “¡no sentía los cuádriceps!” y mental “¡Vicky, tienes que ponerte las pilas en esto tía!”

Durante este tramo nos adelantaron los chicos (Jose, Santos, Pepe, Sergio y Miguel) -Qué buenos son!-  iban súper bien y nos gritaron un “Vamos chicas” que se me clavó en la mente! “¡Ya no quedaba nada, ya lo teníamos ahí!!”

 

 Con el aplauso del público de Ávila (es increíble lo que anima esa gente), entramos las primeras de las chicas  en la T2, rápidamente nos quitamos el casco, dejamos la bici, zapatillas y ¡a correr! ¡que solo eran 2,5 km!, pero al empezar la carrera, las piernas no me respondían y un dolor intenso como si me clavaran cuchillos apareció… “mierda! se me habían subido los dos gemelos…”, creo que pocas veces me había pasado eso y el dolor y la rabia fue tan grande que no pude aguantarme unas lagrimillas, necesitaba parar y estirar y por un momento el pánico de no poder seguir y dejar tiradas a mis compañeras me sobresaltó… (“Con lo bien que íbamos…”).

Paramos 10- 15 segundos para estirar en un árbol y además el apoyo moral seguía sucediéndose por parte de todas: “¿chicas como vamos?”, “Vicky, ¿a este ritmo bien?” “Venga que eres una campeona, piensa en un pajarito volando…” jeje!

Es realmente increíble lo que ayudan esas palabras en esos momentos, me sentía pieza de un solo puzzle, una pieza imprescindible de un puzzle indestructible… y que me dió fuerza para afrontar el último tramo…

 Los últimos metros pasaron muy rápido “ahora, a apretar un poco estos últimos pasos”, me dejé llevar y allí al fondo se encontraba ella… la tan ansiada meta... Todo el mundo nos aplaudía, el final de este gran esfuerzo estaba muy cerca… “Medio minuto y lo había conseguido”, ¡Lo HABÍAMOS conseguido!

 Entramos en meta todas juntas, unidas, de la mano… realmente había sido un GRAN TRABAJO EN EQUIPO… y en mi pensamiento solo una palabra… ¡GRACIAS!

Gracias chicas por la paciencia y los ánimos, por comportaros de esa forma tan espectacular, por hacerme sentir arropada en todo momento… ¡No podía haber sido con mejores compañeras que vosotras!

Gracias a los compañeros que fuisteis a animarnos, Ávila no está a diez minutos… y vuestra presencia allí fue súper importante…

Gracias a “los disfrazados” por preparar con mimo una mentira que fue una sorpresa súper emocionante y que nos sacó una sonrisa en momentos de bajón a nosotras y a parte del público, sois unos cracks!

Gracias al presi por su presencia incondicional en estas carreras, y por su generosidad, ¡sé que estas cosas son muy importantes para ti! ;)

Gracias a los chicos, un séptimo puesto está genial y ¡hacéis grande al Club!

Y Gracias a mi familia (abuelos, papás y Lourditas), espero que estéis orgullosos de mí, ¡no tanto como yo lo estoy de vosotros!....

 

 Conseguimos el 1er puesto al final, pero la verdadera victoria no fue ganar la prueba, la verdadera VICTORIA fue compartir ese momento con vosotras y sentir que sí es posible, que  ¡entre todas lo hemos hecho posible!

 Ahora a trabajar, a entrenar y a esforzarme (puedo hacerlo más jeje!) y a seguir compartiendo MOMENTOS, porque por nada del mundo me perdería estos ratitos que nos ofrece la vida y que debemos disfrutar al máximo…

Estos instantes con este Club que está integrado por grandes personas y que dará mucho que hablar…

 ¡¡Gracias CLUB TRATLÓN SALAMANCA!!  ¡¡Sois- somos GRANDES!!

 

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